Aunque la industria textil no fue nunca un pilar de la economía madrileña, existieron antaño numerosas fábricas, la mayoría no demasiado grandes, de prendas de vestir. De esto, como de casi todo, nos habla el cine con testimonios que son impagables. Las películas, al tiempo que desarrollan una acción, retratan lo que ni siquiera tienen intención de retratar, como en este caso, los nombres y apariencia de esas pequeñas industrias.
Empezamos por la fábrica de sombreros de paja de Marcelo Benito de la Cruz, situada en el número 7 de la plaza de las Cortes, que existió al menos desde 1916, pues esa es la fecha de esta factura:
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Biblioteca Virtual de la Comunidad de Madrid |
En la comedia de la época muda ¡Es mi hombre! (1927), con texto de Carlos Arniches, vemos a Leonor, la hija del cabeza loca del protagonista, don Antonio, yendo con su amiga Felisa a la tienda y fábrica. Pues mientras que don Antonio, para saldar sus deudas, termina metiéndose en el mundo del hampa, la sensata Leonor le ha pedido a su amiga Felisa, oficiala de sombreros, que hable con su maestra para ser admitida como aprendiza, asegurándose así el porvenir:
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¡Es mi hombre! (Carlos Fernández Cuenca, 1927) |
De las prendas que están más a la vista, los sombreros, nos vamos a las que no se ven: la ropa interior. En concreto, a la tienda y fábrica de fajas y sostenes de Carolina de Regúlez, en el número 47 de la calle Toledo. Por delante del escaparate vemos pasar al protagonista del drama La honradez de la cerradura (1950), adaptación teatral también, en este caso de una obra de Jacinto Benavente. Al principio de la película, después de salir de su trabajo, Ernesto va a comprarle un regalo a una mujer en la calle Toledo, y es ahí cuando lo vemos pasar por delante de esta fábrica y comercio, que se fundó antes de la guerra civil, pues aparece en la Guía-directorio de Madrid y su provincia de 1936:
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La honradez de la cerradura (Luis Escobar, 1950) |
Un edificio de origen palaciego que hoy se ha convertido en apartamentos turísticos de lujo fue sede durante gran parte del siglo XX de la fábrica de géneros de punto Madrid Industrial. Se trata del número 1 de la plazuela del Conde de Miranda, en la que se desarrolla una escena de la comedia navideña Mensajeros de paz (1957). En la plaza se organiza el cortejo motorizado que acompañará al coche de los Reyes Magos por la ciudad, y allí se produce un error que hace que los reyes que habían sido contratados sean suplantados por otros. Dos momentos de la escena nos permiten atisbar la existencia de la fábrica:
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Mensajeros de paz (José María Elorrieta, 1957) |
En la primera imagen podemos ver también de frente un muro lateral del desaparecido cine San Miguel, que sustituyó al palacio de Cárdenas o Casa de los Salvajes, y a su vez fue sustituido por un horroroso bloque de viviendas, el que existe hoy.
La prensa histórica nos ofrece estos deliciosos anuncios de la fábrica Madrid Industrial que también nos informan de su existencia, bastante anterior al rodaje de la película:
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Ahora, 31 de enero de 1932 |
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Ahora, 17 de octubre de 1934 |
Sombreros, ropa interior, géneros de punto, y ahora a una prenda elegante: las camisas. En una escena de la comedia La vida alrededor (1959), la pareja protagonista se pasea por la calle Conde de Peñalver permitiéndonos ver sus lujosos comercios.
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La vida alrededor (Fernando Fernán Gómez, 1959) |
En el momento de la imagen, Josefina y Antonio acaban de dejar atrás la camisería Boston, también fábrica (como pone en el rótulo), en el número 51. Aunque la fábrica, casi con toda seguridad, no estaba aquí, dado que en el año en que se rodó la película existían ya varias tiendas de la marca y el local no era tan grande.
De todos los establecimientos mencionados, únicamente existe aún la marca Boston, fundada en 1945 por el modisto Daniel Arteaga, con algunas tiendas que están normalmente en grandes centros comerciales o en espacios dentro de grandes almacenes. De dónde fabrican su ropa no tengo noticia ni he podido encontrarla, como sucede a menudo en este sector.
Y eso es todo, amigos, porque, si lo pensáis un poco... ¿Cuántas décadas hace que no compráis una prenda de vestir fabricada en Madrid?
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