Hay espacios de Madrid que parecen concebidos para los rodajes cinematográficos, como si fueran una creación de aquellos productores que en los años 60 levantaban una ciudad de China o de Rusia en medio de la nada. En pequeño, la plaza del Cordón es así: un lugar perfecto para recrear otras épocas de nuestra ciudad, con sus edificios con solera y su contigüidad con la Casa de Cisneros y la Basílica Pontificia.
Hoy me voy a centrar en uno de sus edificios: en el número 1, la Casa del Cordón, también llamada a veces palacio del Cordón. Toda una confusión de cordones, porque existió un palacio del Cordón (el del conde de Puñonrostro, que legó su nombre a una calle muy cercana) pero fue derribado a mediados del siglo XIX y sustituido por los actuales números 2 y 3.
Para ubicarlo bien antes de adentrarnos en el cine, veamos esta bella imagen de la plaza, en la que justamente la Casa o Palacio del Cordón aparece enfrente:
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| Archivo Ruiz Vernacci, 1936 |
Una consulta al catastro nos haría ubicar su construcción en 1850, pero, según el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, se trata de un palacio barroco característico del segundo tercio del siglo XVIII que se construyó entre 1740 y 1760.
Un atractivo importante de este edificio a la hora de rodar es su espacio delantero, una pequeña plaza protegida por dos pretiles que salvan los desniveles con las calles laterales: la del Doctor Letamendi y la del Cordón. Un lugar recoleto pero lo suficientemente espacioso para las necesidades de los equipos cinematográficos.
Nuestra casa palaciega aparece muy pronto en el cine, ya en la etapa del cine mudo, justamente hace un siglo. En la película Una extraña aventura de Luis Candelas (1926), nos trasladamos al siglo XIX y asistimos a una escena desarrollada a sus puertas. Un hombre accede a la plaza; le siguen cuatro hombres y no con buenas intenciones.
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| Una extraña aventura de Luis Candelas (José Buchs, 1926) |
Casualmente, cerca se encuentra nuestro protagonista: el bandido Luis Candelas -ataviado de caballero decimonónico-, que acude en ayuda del atacado.
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Una extraña aventura de Luis Candelas (José Buchs, 1926)
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Solo un año después el director José Buchs repite escenario, lo que no es de extrañar, pues en esta época, había fundado su productora Ediciones Buchs-Forns junto con un miembro de la familia Forns, propietaria de la aledaña y desaparecida casa de Iván de Vargas. En el folletín histórico El Dos de Mayo (1927) volvemos al siglo XIX, poco antes de la llegada de las tropas de Napoleón, y vemos al mujeriego e infiel don Hipólito del Molinillo ir a la puerta de la Casa del Cordón acompañado de un músico y dar la serenata a una supuesta modistilla (un engaño de su esposa, en realidad, para castigar sus infidelidades, pues se trata de la dueña del taller de costura donde ella trabaja, que vive allí con su marido):
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| El Dos de Mayo (José Buchs, 1927) |
Dentro del edificio (quizá el interior se rodara en la casa de Iván de Vargas, pero no lo puedo asegurar), doña Eufrasia y su marido se despiertan. La escena termina con este último saliendo a la plaza y moliendo a palos a don Hipólito y al guitarrista:
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| El Dos de Mayo (José Buchs, 1927) |
Otra escena que transcurre durante el 3 de mayo de 1808 se rodó en este lugar: un piquete del ejército francés recorre las calles del desolado Madrid anunciando represalias por el levantamiento del día anterior.
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| El Dos de Mayo (José Buchs, 1927) |
En el lado derecho de la casa, subiendo por la calle del Cordón, podemos ver años después a Nieves, hija del principal sospechoso del asesinato de una mujer en la comedia policiaca Domingo de Carnaval (1945), que se dirige a un edificio de la calle Sacramento desaparecido hace años:
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| Domingo de Carnaval (Edgar Neville, 1945) |
De nuevo, este rincón sirve para recrear épocas pasadas, pues la acción de la película se sitúa en los carnavales de 1917, casi treinta años antes. Algo habitual en las películas de Edgar Neville, que añoraba el Madrid de entonces.
Estrenado una década más tarde, el drama La ciudad perdida (1955) nos muestra casi en el mismo lugar a Rafael, un exiliado republicano que ha quedado varado en la ciudad después de haber perdido a sus compañeros de misión, una acción contra el régimen franquista que no se explicita. Aunque sabe que no debe hacerlo, Rafael va a la plaza del Cordón, donde observa a los niños que juegan desde el pretil de la calle del Cordón. Niños que le recuerdan su infancia transcurrida delante de la Casa del Cordón, pues vivía en el número 2 de la plaza:
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| La ciudad perdida (Margarita Alexandre y Rafael María Torrecilla, 1955) |
En la década siguiente, otra película nos vuelve a llevar al siglo XIX: la adaptación de la novela Fortunata y Jacinta de 1969. Una versión que no tuvo mucho éxito pero cuyas imágenes de Madrid son magníficas. En ella, Juanito Santa Cruz y su mujer, Jacinta, viven en la Casa del Cordón. Una noche como tantas otras, Jacinta está sola en su dormitorio, mientras Juanito, buen vivales, anda en un teatro de variedades, donde ve de nuevo a Fortunata. Jacinta, un tanto trastornada por la tristeza de no conseguir tener hijos, oye lo que le parece el llanto de un bebé que llega desde la plaza, y a ella se baja. Cree que el llanto viene desde la alcantarilla e intenta quitar la tapa; en eso llega Juanito, que se da cuenta de que se trata de un gato y se la lleva a la fuerza a la casa.
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| Fortunata y Jacinta (Angelino Fons, 1969) |
Hay otra escena, esta vez diurna, en el mismo escenario. Fortunata ya se ha casado con Maximiliano Rubín; este descubre que de nuevo ella está con Juanito, y en su propia casa. Maximiliano enferma, Fortunata se va de la casa de su marido y poco después se acerca a casa de los Santa Cruz, donde intenta abordar, sin éxito, a Jacinta para hablar, como se suele decir, de mujer a mujer:
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| Fortunata y Jacinta (Angelino Fons, 1969) |
Aunque en la ficha del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid leemos que en los años 90 este palacio fue restaurado y su interior remodelado para convertirlo en edificio de viviendas, ya a finales de los 80 algún cambio hubo, tanto en el edificio como en su plaza delantera. La escena final del melodrama La ley del deseo (1987) transcurre en la plaza: Tina vive en el número 3, y allí es donde Antonio, trastornado por su amor hacia el hermano de Tina, Pablo, la secuestra para forzar un último encuentro con él. La policía y otras personas se apuestan frente al número 3, teniendo a sus espaldas la Casa del Cordón. La vemos con un andamio en su parte izquierda, y vemos también losetas apiladas contra ella, que se pondrían después sobre la plaza, parcialmente descubierta.
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| La ley del deseo (Pedro Almodóvar, 1987) |
Una nueva película nos lleva al pasado, concretamente a 1868, al comienzo de la Gloriosa, la revolución que puso fin al reinado de Isabel II: el drama histórico El maestro de esgrima (1992), adaptación de la novela de Arturo Pérez Reverte. Jaime de Astarloa, el mejor profesor de esgrima de Madrid, se dirige a la casa de una nueva alumna, Adela Otero; estas clases cambiarán su vida. Lo vemos, vestido de capa larga, dirigirse hacia la Casa del Cordón rodeado de gente que escucha los romances de un ciego o compra en los puestecillos de alrededor de la casa.
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| El maestro de esgrima (Pedro Olea, 1992) |
Cuando Astarloa sale de su primera clase, la revolución ha estallado y la policía reprime a los que protestan y piden la marcha de la reina:
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El maestro de esgrima (Pedro Olea, 1992)
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Damos un salto de tres décadas para llegar a nuestra última película de hoy, una coproducción hispano-argentina. En el drama familiar Adiós, Madrid (2024), Ramiro, argentino, recibe una llamada que le obliga a venir a Madrid: debe decidir sobre la vida o la muerte de su padre, que se halla en estado de coma y al que ni siquiera conoció, pues los abandonó a él y a su madre.
Ramiro va en taxi desde el aeropuerto hasta la plaza del Cordón y llama al número 1, donde vivía su padre con Ignacio, su pareja desde hace treinta años.
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| Adiós, Madrid (Diego Corsini, 2024) |
Ramiro tiene planeado volver a Argentina al día siguiente. Sin embargo, los horarios del servicio de cuidados intensivos no permiten que vaya al hospital el mismo día de su llegada. Hasta la mañana siguiente, se pasea por la ciudad, en la que una serie de casualidades van a hacer que conozca a muchos amigos de su padre. Estos le ayudarán a conocerle y a tomar una decisión. Mientras tanto, va y viene de la Casa del Cordón.
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| Adiós, Madrid (Diego Corsini, 2024) |
Esa noche bebe y trasnocha y finalmente se queda dormido en un banco de la plaza. Cuando se hace de día y se despierta, a su lado ha aparecido su madre, ya fallecida, que le transmite un mensaje fundamental: Nunca es tarde para perdonar, para comprender. En realidad estaba soñando.
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| Adiós, Madrid (Diego Corsini, 2024) |
Hasta aquí la historia cinematográfica de este edificio. Y aunque no es el propósito de este blog, quiero terminar denunciando la penosa situación actual de este entorno. Hace una semana pasé por allí y me encontré con este desastre totalmente evitable:
Sin espacio ya para sentarse en los bancos ni para que jueguen los niños, tomada por las hordas de coches y motos y por nuevas obras, ¡qué triste comparación hacemos con esta última imagen!
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| Archivo Moreno (1893-1953). Instituto del Patrimonio Cultural de España |
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