Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Los hoteles son escenarios muy frecuentes del cine, y necesariamente los hoteles de Madrid han de serlo, pues no faltan tramas en las que haya viajeros que se alojan en nuestra ciudad: para encubrir delitos, para pasarlo bien, para desayunar en sus cafeterías, hay mil motivos para alojarse en un hotel de Madrid.

Aparecen muchos y muy variados, pero hoy vamos a fijarnos en dos que tienen resonancias imperiales: el hotel Emperador y el hotel Emperatriz. Así, sin más nombres, nos valen para cualquier emperador y cualquier emperatriz que haya habido en la historia. Muy práctico.


El Hotel Emperador, en el número 53 de la Gran Vía, fue diseñado por los arquitectos Julián y Joaquín Otamendi y fundado en 1948. Su antigua cafetería, en el entresuelo, ofrecía una buena visión de la zona de la Gran Vía correspondiente al metro de Santo Domingo; allí es donde se reúne el detective Germán Areta con su antiguo jefe de la policía en el noir El crack 2 (1983):


Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales
El crack 2 (José Luis Garci, 1983)

También vemos al Moro, el ayudante de Areta, en la recepción del hotel, uno de los días en los que está alojado en él para espiar a otro cliente al que investigan:


Madrid y el cine: Hoteles imperiales
El crack 2 (José Luis Garci, 1983)

El mismo hotel albergó dos escenas de la película fantástica El corazón del guerrero (2000). En ella asistimos a las peripecias y alucinaciones de Ramón Belda, un chico tan aficionado a los juegos de rol que a veces cree vivir dentro de ellos. 

En la primera escena, Ramón y un grupo de amigos suben por la escalera de incendios a la parte más alta del hotel, un torreón en la esquina con la calle San Bernardo:


Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales
El corazón del guerrero (Daniel Monzón, 2000)

En la tercera imagen de las anteriores, un amigo de Ramón, asomado al torreón, dice esta cinematográfica frase que nos recuerda a la película Titanic (James Cameron, 1997):

¡Leonardo di Caprio es un mierda! ¡Yo soy el rey del mundo! ¡La ciudad me besa los pies!

A medianoche comienzan su partida de juego de rol y más tarde irán a la piscina del hotel, a la que Ramón se lanzará buscando a su imaginaria enamorada, la guerrera medieval Sonja; y allí conocerá otro mundo.


Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales
El corazón del guerrero (Daniel Monzón, 2000)


En una segunda ocasión, Ramón, que a cuenta de su imaginación se ha metido en mil líos, busca una puerta cósmica para volver a ese otro mundo de su imaginación. Un hechicero muy televisivo le dice por teléfono desde unos estudios de TV que vaya al mismo lugar por el que entró la primera vez; justamente Ramón y el ayudante del médium se hallan en ese momento en la puerta del hotel:


Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales
El corazón del guerrero (Daniel Monzón, 2000)


Ramón y su acompañante entran y suben en el ascensor amenazando al vigilante del hotel:


Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales
El corazón del guerrero (Daniel Monzón, 2000)


La policía les persigue por el hotel pero Ramón conseguirá salir y seguir su loca aventura.


El otro hotel imperial de hoy, el hotel Emperatriz, está, lejos de su consorte, en el número 4 de la calle López de Hoyos. Aunque en muchas páginas web se dice que el edificio en el que está es del siglo XIX, no me lo parecía, y efectivamente, la información que da el Catastro es que este edificio se construyó en 1951. O se terminó de construir, querrá decir,  porque existía ya un poco antes: en el curso 1949-1950, uno de los estudiantes de dirección de la Escuela Oficial de Cine rodó en su exterior una escena de su práctica de fin de curso, el cortometraje mudo El último bohemio. En él se narra el deambular de un estrafalario anciano, el doctor Gandi, que va ofreciendo en papelillos su supuesta sabiduría -en ocasiones un tanto misógina- a cambio de dinero o de nada.

La escena comienza con un coche aparcando enfrente del hotel del que bajan tres hampones vestidos a lo gángster. Dos de ellos entran en el hotel y el otro se queda en la puerta vigilando.


Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales
El último bohemio (Leonardo Martín, 1950)

Hete aquí que llega nuestro protagonista, pasa por delante del delincuente, le saluda y sigue su camino. Cerca de allí, ve a dos policías a los que les deja esta nota: Cuidado con los pájaros. Cuando él se va, los policías de repente ven a los delincuentes salir apresuradamente del hotel y les persiguen. Nuestro bohemio hombre sigue su camino y a otra cosa, mariposa.


Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales
El último bohemio (Leonardo Martín, 1950)

Llama la atención que en las imágenes anteriores no veamos ningún cartel, cosa harto extraña en este tipo de establecimientos. Pienso que probablemente, aunque la construcción estaba ya casi finalizada, aún no funcionaba como hotel.


Unos años después, llega al hotel Claudio Enkel, el protagonista de la comedia El fenómeno (1956), un catedrático de la universidad de Frankfurt al que, al llegar al aeropuerto, han confundido con un famoso jugador de fútbol ruso que ha sido fichado por un equipo español por ocho millones de pesetas. Lo llevan, pues, a un hotel de categoría que, ahora sí, está perfectamente señalizado, con sus carteles de neón:


Madrid y el cine: Hoteles imperiales
El fenómeno (José María Elorrieta, 1956)

Vuelve a aparecer en otra comedia, Fantasmas en la casa (1961), cuando el protagonista, el exitoso autor teatral Raimundo Rodríguez de Toledo, va allí a buscar a Cristina, una mujer de la que estuvo enamorado, a la que se ha encontrado en un tren recientemente pero que se ha esfumado de nuevo. Ella, aparentemente, no está alojada en el hotel Emperatriz. Pero en una escena posterior, de noche, la veremos salir del hotel y meterse en un coche negro con chófer.


Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales
Fantasmas en la casa (Pedro Luis Ramírez, 1961)

El neón del hotel Emperatriz también luce bien en las películas en color, como en la comedia cuasilandista Amor a la española (1967). En ella Paco Lafuente, un probo trabajador del aeropuerto de Madrid, se ofrece a ayudar a una turista sueca que se ve obligada a hacer noche en Madrid; con ella recorre varios hoteles, y en varios recibe un no por respuesta: Estamos completos. Uno de ellos es nuestro hotel Emperatriz:


Madrid y el cine: Hoteles imperiales

Madrid y el cine: Hoteles imperiales
Amor a la española (Fernando Merino, 1967)

Por último, este hotel es uno de los lugares en los que encontramos a los peces gordos, corruptos y un tanto perversos, que pueblan la comedia del destape Madrid al desnudo (1979). Podemos apreciar un poco en este fotograma cómo había cambiado la decoración exterior (para peor, sin duda):


Madrid y el cine: Hoteles imperiales
Madrid al desnudo (Paul Naschy, 1979)

El hotel ha cambiado mucho más en los últimos años: ahora pertenece a la cadena Barceló (habiendo pasado por otra etapa como hotel Hesperia), que en la década pasada acometió una reforma profundísima, inspirada, dice el propio hotel, en la emperatriz Eugenia de Montijo.


Madrid y el cine: Hoteles imperiales
Google Street 2024

Seguro que estos dos hoteles, como muchos otros de Madrid, podrían contarnos muchas historias y anécdotas sobre la trastienda del cine...
















Comentarios

  1. Hola, Marisa, hay un plano muy bueno de la Gran Vía, donde se ve a Miguel Herrán sentado en un bordillo; la imagen es nocturna, y al fondo destaca el letrero del Hotel Emperador. La película es A CAMBIO DE NADA - Daniel Guzmán - 2013. Un saludo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario