Madrid y el cine: Gran Café de Gijón
Aunque el café se hizo notorio ya desde comienzos del siglo XX, su primera aparición en el cine la he encontrado en los años 50, dato que tomo como provisional, pues siempre tengo la esperanza de que se den a conocer nuevas películas rescatadas de viejos baúles y altillos.
Se trata del interesante noir, de sugestivo título e intrincada trama, Los ojos dejan huellas (1952). Dos escenas de esta película se ruedan en el Gijón y no tienen nada que ver con sus famosas tertulias, que ya existían. En la primera, Roberto y Martín, antiguos amigos que se han reencontrado hace poco, llegan de noche y en coche hasta muy cerca del café:
- Ahí está el café Gijón. Aún está abierto. Tendrá público pero poco, suelen ser artistas y gente de pluma acostumbrados a exagerar.
Roberto ha cometido un asesinato y ha pedido ayuda a Martín. El plan para librar a Roberto de ser condenado pasa por fingir su suicidio en el café. Martín, que le ha pedido dinero a cambio de ayudarle a escapar después, espera en la acera de enfrente.

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| Los ojos dejan huellas (José Luis Sáenz de Heredia, 1952) |
Vemos a Roberto entrar en el café, atravesarlo para llamar por teléfono a su mujer, tomarse su copa y luego, supuestamente, pegarse un tiro.
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| Los ojos dejan huellas (José Luis Sáenz de Heredia, 1952) |
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| Los ojos dejan huellas (José Luis Sáenz de Heredia, 1952) |
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| Sabían demasiado (Pedro Lazaga, 1962) |
Los dos directores de las dos películas anteriores repitieron rodaje en el Gijón, con sendas películas que se estrenaron en el mismo año: 1963. Eva 63 y Los derechos de la mujer tienen algo más en común: la ranciedad con que se presenta el papel de la mujer (la segunda de ellas lo hace con especial sevicia).
Pero vayamos por partes. La dramedia Eva 63 cuenta las historias entrelazadas de cinco mujeres jóvenes que viven juntas. Elena es una de ellas, una mujer supuestamente moderna que quiere ser escritora de éxito; la vemos fumando y escribiendo sobre uno de los veladores de mármol del café. Sin embargo, cuando finalmente recibe el premio Nadal, tiene este intercambio con los periodistas:
- No, no lo soy. Estoy contenta, eso sí, pero no soy nada feliz.
- ¿Por qué?
- Porque no sé para qué sirve todo esto.
- ¡Toma! Sirve para usted misma, señorita. Para hacerse un nombre en la literatura.
- No, nada importante se hace solo por una misma. Porque una mujer... una mujer debe hacerlo todo para compartirlo con un hombre y con los hijos de ese hombre. La mujer no vive solo para el amor pero no puede vivir sin amor.
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| Eva 63 (Pedro Lazaga, 1963) |
La comedia Los derechos de la mujer cuenta una historia que, por supuesto, se los niega: la de un matrimonio en el que el hombre decide hacer el paripé de que deja su trabajo para llevar las riendas de la casa mientras su mujer, abogada criminalista, sigue con su carrera. No es necesario contar el vomitivo final ni llegar a verlo para percibir la misoginia feroz que transmite el film, pues lo hace desde el principio. Pero a lo que vamos, que es el café Gijón:; el motivo de su aparición en la película es que la protagonista, María José, cita allí a su secretario para trabajar porque su marido está haciendo limpieza general y ha desmantelado todo su despacho.
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| Los derechos de la mujer (José Luis Sáenz de Heredia, 1963) |
Teniendo en cuenta lo dicho más arriba sobre Fernando Fernán Gómez, el Gijón no podía dejar de ser escenario de alguna de las películas dirigidas por él. Así es en la magnífica y premiada comedia dramática El viaje a ninguna parte (1986). Carlos Galván, el hijo del director de la compañía de cómicos que protagoniza la película, una vez deshecha esta, se va a Madrid a intentar trabajar en el cine con una compañera. Llevan ya dos años trabajando como extras cuando una tarde van al Gijón a "ver a los artistas":
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| El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez, 1986) |
ROSITA: Deben de estar hablando todos de películas que se van a hacer, de compañías que van a formarse, de los próximos estrenos...
CARLOS: También se estarán poniendo verdes unos a otros.
ROSITA: También, es natural... Me gusta mucho este sitio. Oye, nosotros, tú y yo, ¿vendremos alguna vez?
CARLOS: Ya hemos venido, estamos aquí.
ROSITA: Ya... Pero yo no quiero decir así. Verás: nosotros a los extras ya los conocemos a casi todos, ¿no?
CARLOS: Yo creo que sí, llevamos en esto cerca de dos años. ¿Por qué?
ROSITA: ¿Tú aquí ves a alguno?
CARLOS: No, por aquí no vienen.
ROSITA: Por eso. Hoy hemos venido tú y yo, es verdad. Pero estamos aquí, en esta mesa, solos los dos. Porque hemos venido a verlos a ellos, a los artistas. Pero lo que yo pregunto es: ¿vendremos alguna vez con ellos?
Más adelante, mientras escuchamos el relato del viejo Carlos Galván desde su residencia de mayores, nos acechan las dudas sobre su veracidad: nos habla sobre su llegada a la cumbre, su enorme popularidad, el dinero que ganó, la vida de lujo que vivió. ¿Está adornando su pasado o su memoria le ha hecho el favor de cambiárselo? Es en esta parte del relato cuando volvemos a verlo en el café Gijón, esta vez rodeado de gente que quiere saludarlo y hablar con el famoso actor.
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| El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez, 1986) |
También en el siglo XXI este café ha aparecido en el cine. En su terraza vemos a la protagonista de Las películas de mi padre (2007), un metafílmico y poco celebrado drama en el que una mujer joven hace indagaciones sobre la vida de su padre, director de cine, del que no recuerda casi nada. Para ello, entre otras cosas, se reúne con personas que trabajaron con él:
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| Las películas de mi padre (Augusto M. Torres, 2007) |
Por último, y de momento, solo queda el interesante drama Los años desnudos. Clasificada S (2008), que, ambientada en la época y el mundo del cine del destape, nos muestra cómo la industria destrozó la vida de muchas de las actrices que participaron en él. En la escena que se desarrolla en el café Gijón, el lugar sigue siendo un punto de reunión de ese mundillo, pues allí se encuentran dos actrices, un productor y un guionista.
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| Los años desnudos. Clasificada S (Dunia Ayaso y Félix Sabroso, 2008) |
Finalmente, vemos a Marcos Viela, el guionista, saliendo y pasando por delante de la fachada del café, bajo los mismos -o idénticos- farolillos que la iluminaban en el primer fotograma de esta entrada:
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| Los años desnudos. Clasificada S (Dunia Ayaso y Félix Sabroso, 2008) |
¿Cuál será el futuro del Gran Café de Gijón? ¿Se seguirán rodando películas allí? Veremos.











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